viernes, 11 de noviembre de 2011

Nuestra derrota

Aquella madrugada,
Madrid era isla, oasis y cobijo.
Nido de pretéritos oxidados
y de pulsiones de intestinos.

El mar se enredaba entre nosotros.
Transeúntes nómadas de soportales
que acorazados, a golpe de aliento,
susurrábamos desde la mirada
con heridos rasgos norteños.

Del esbozo al arañazo.
En el fondo del quinto tercio de cerveza
perdí mi falda,
al tiempo que vi morir mis miedos.

Y, ahora,
tras el reflejo del carmín desconchado
preguntas:
¿quién mejor que vos para despeinar la sonrisa?

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Pirometría

Agárrame por dentro y hazme gritar.

Arrópame con tu pecho, mientras aulle el ocaso.

Déjame volar.

Y si el cielo quema, no temas.

Porque a mis alas, cuando arden, les da por incendiar.



En sus cenizas, también te echará de menos.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Camila

vestía sus heridas con carmín bermellón. “Con más vida que el rojo” decía mientras recorría sus cicatrices, hábito que se prolongaba más allá de tres octubres. Primero las yemas de sus dedos redescubrían el rastro de aquellas balas que pasaron rozando y posteriormente bordeaban, siempre en sentido circular, las marcas de aquellas que hicieron de su cuerpo diana. Entraba así en un estado de embriaguez de los sentidos que veía su fin en el llanto y en el grito agudo. Tras esto cerraba los ojos y tras acompasar su latir, trazaba sobre el epicentro de la angustia una línea con su lápiz de labios. Decía que así fortalecía su espíritu al tiempo que emulaba a aquellas tribus indígenas que no conocen el término rendirse. Esta costumbre inherente ya a todo despertar tenía nombre: reconocimiento del miedo. Sin embargo, el remedio… ni ella misma lo intuía.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Las palabras se le quedaban pequeñas


(...)Se fue porque decía que ella no lo quería.
Lástima que no supiese que para ella querer era besarlo mientras dormía.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Lusitana.

A mí las prisas me dan vértigo y más cuando las manecillas se paran y son ignoradas. El reloj de la estación Terreiro do Paço hacía diez minutos que marcaba las seis y diez pero en la Praça do Comercio la calma no hallaba morada. Los turistas gritaban, corrían pero jamás miraban -¡maldita locura la del viajero de cámara y mapa!- hacia esa ciudad que redescubre su alma entre paredes desconchadas. Carcomidas las murallas de sus casas dan testimonio de su historia actual en una Europa que se asfixia en manos de un sistema arcaico y obsoleto. La voz que invita a la okupación, “Aquí podia viver gente”, y la queja del olvidado, “Quem trabalha nao receve”, aúnan con los acordes del fado portugués y con el vuelo impávido de tres golondrinas en una perpendicular a la rua Augusta. Porque todavía hoy, sus aceras desgastadas emanan vida en una espiral de música, acentos y poesía; aquí, donde me quedo contigo brindando por el arte luso entre pastéis de nata y acordes de Pedro Abrunhosa. A media tarde, cuando sus calles se vacían, las palabras de la mujer de las flores me invitan a recorrer la Praça Dom Pedro IV. “Um cravo, faz favor.” Y sonríe y sonrío dirección Alfama. Donde he aprendido a encontrarme entre el laberinto de sus calles y sus patios floridos; y a sentir con las yemas al rozar las ropas que adornan sus paredes. A mirar a los ojos lejos de la austeridad del minutero, a perder la venda que ciega al turista y después desnuda... a vivir Lisboa.

- Que horas são?- Pregunto.
- As seis e dez.

jueves, 4 de agosto de 2011

Tolosa

Con las botas embarradas y con las uñas gastadas de agarrar momentos te recibe la ría tras once horas entre raíles que se quedan cortas anegadas de recuerdos. La mirada atrás recorre el camino hecho y se detiene allí, donde la lejía tiene sabor a cerveza. Allí, donde rasgamos la voz estallando en carcajadas.
Las piernas hoy tiran menos que ayer pero los lazos creados no hacen más que anudarse entre lo retales de esta historia. Un factor común, llámalo Tolosa, sed de ruta o destino, hizo de nosotros familia y ahora como enemigos de lo efímero nos resta recordar hasta la próxima parada.
Porque más que raro, parafraseando con descaro a Sabina, intenso fue aquel verano que no dejó de llover.


Eskerrik asko.

viernes, 24 de junio de 2011

Madrid, ciudad de alientos.


“Carmen, que bonito es encontrarnos aquí después de tanto tiempo.” De madrugada, en plena Gran Vía, en una manifestación improvisada dos jóvenes de espíritu se redescubren. La mirada atrás y la sonrisa cómplice. En días grises plagados de caballos se agarraron por dentro y en este mayo español juntos reavivan la llama. La fuerza que desprenden todavía quema mientras sus sueños arden ahuyentando al miedo.