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sábado, 6 de octubre de 2012

El Budapest de Capa

Y te irás. Te irás a Budapest con el cuaderno rojo bañado en tinta. Noventa y nueve años después de ver la luz, buscarás las sombras. Y ese aliento romántico que se adentró en cuerpo y que alentó esa manía de cargar con la geografía a cuestas, más allá del Pirineo. Desgastarás las suelas del nómada de Leica en mano y te creerás, quién sabe cuando, horizonte en sus paisajes. Te buscarás en el periódico y hablará de ti. Sin fotografía, ni palabra; hablará de ti y del Sena etílico que te abrazó cuando se fue la rubia. Porque aunque tú eras de quemar las ganas, de apretar el tiempo y de correr sin cara; también eras de dormir al reloj cuando te tocaban. Y es con eso con lo que me quedo; y más cuando en noviembre, casi un siglo después, (te) viaje con mochila y hambres. Que de leer(te) en libros ya he tenido bastante y que ahora, historia, sólo me sale ahuecar tu espalda. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

A romper esta canción, Bohemia


Te espero en Karluv Most. Así, sin prisas ni joderes. Pero que se te atragante el tranvía de las ganas. Te espero allí, te bailo un acordeón y te busco en las luces del Moldava. Así que vente. Vente, que no es esta ciudad de trajes ni de tacones. Vente y que te pille el frío, para desvestirlo juntos en el verde de sus alturas. Vente y báñate en la nieve de diciembre y en la Studenska pivo cerveza de mis carcajadas. Vente ahora; que de cogernos, mejor que sea de madrugada. 

lunes, 23 de julio de 2012

Billete de ida

(I)

Adentrarse,
 respirar su historia  
y así rasgar, a cada paso,
 las ansias de sus gentes.
                                                                                       Me dijeron que eso era viajar. 

viernes, 20 de julio de 2012

Marina, que estoy llegando

Hace hoy dieciocho días que envolví la tinta de un bolígrafo en los pliegues de una carta. Hace dieciocho días que arañé en la distancia la ciudad autónoma de Buenos Aires y, sin embargo, en Argentina todavía no me han abierto, sin titubeos, para leerme. Y me da rabia, claro que me da rabia. Porque han secuestrado la nostalgia y no he salpicado el recuerdo a la otra orilla del Atlántico. Y me quejo y Rafa me mira y cínico ríe. "Y cuando cortabais en Madrid el tráfico, ¿no partías encuentros?" Y vuelta a reír, mientras yo destenso la muñeca. Y es que en esta ciudad Correos continúa con su huelga parcial y mis letras se almacenan en torres, entre postales y facturas. Son letras impresas tatuadas en el reglón. Letras que al ser leídas apuran el asalto al cuerpo y que, bañadas en perennidad, se agarran por dentro a la carcasa que las guarda; el alma, que diría mi abuela. Y entonces se me ensancha la risa, porque me doy cuenta de que la calle, gastando ansias, ha tomado la pluma. Al parado, al estudiante y al funcionario se le ha sumado el bombero que no apaga el fuego de las barricadas y el policía que tímido retira el casco; pero sólo aquel que no ha golpeado antes, que escribir es recordar. Y es que la acción pasa por hacer y escribir la historia. La mía, la tuya y la nuestra. Y bien sabemos que este parón es sólo el impulso de la difusión de nuestros derechos. Así que... ¡qué corran los sellos! Que yo, Marina, ya te estoy llegando. 

Manifestación 19J y Huelga de Correos en Vigo

miércoles, 18 de julio de 2012

Te pido tres días más, Ortigueira

Don´t worry, que diría Jack, que maloserá, sentenciaría a carcajadas Anxe. Que la lluvia, la mugre y los litros del tinto más barato del Corvirán saben también de quemar sonrisas y de romper en el mar. Que de exprimir las vivencias a dejarlas pasar hay un trecho; y que nosotras, tal vez por ese deje gallego, hemos saltado, sin vértigo ni vacío, allí donde el Atlántico se enreda y se atrapa en las aguas del Cantábrico. Que están los tiempos jodidos, si ya lo decía Gabriel en su Senegal del año dos mil, pero es empezar la música y arqueársele la risa y así contagiar. 
Y me gusta. Me gusta que hable de política más allá de Melilla y que haga tambalear mis lógicas en un juego cruzado de preguntas a tres. Y, sin embargo, me callo cuando pienso en la valentía al partir. Que sí, que compartimos la salitre del Atlántico, pero a miles de kilómetros. Que la geografía pesa y él todavía añade las suelas del comerciante. Admiración muda, mientras se me anudan los vocablos en los límites de mis dedos hasta hacer llaga y caer de golpe, con la decisión que rehúso, sobre el teclado. 
Y al llegar al campamento, se despide con el pecho abierto y nosotras nos sumergimos en un bucle errático de paisaje incierto donde impera el impulso, el ansia animal ajeno al eclipse de las formas. La salitre, el kalimotxo, la mugre y el sudor como excusa para recrearnos en el romanticismo que dicen perdido tras la Ilustración. Porque aún sin Leica, que por tener no tenemos ni billete de vuelta, nos perdemos por "horizontes nuevos que abren el apetito y las ganas de reír fuerte, de respirar al sol, de perderse por el mundo." Y así lo hacemos, o al menos lo intentamos. Aunque el tío que vende M y regala sexo, se ponga arisco cuando llenando bien los pulmones estallamos en carcajadas al dejar en entredicho su virilidad. Y corremos, siempre hacia al mar, para dibujar en el cielo los trazos de la Osa Mayor. Y a pesar  de que Víctor y yo seamos unos incomprendidos, la noche y las estrellas siempre tienen algo que contar, y más en la orilla. 
Y es en esa misma orilla donde lavo mis miedos, donde me desprendo de esa película difusa que nos atrapa en madrugadas urbanas. Porque ahora toca improvisar, ya sea aos grolos da crema de Oruxo, al calor de la hoguera o con el disfraz hawaiano en la carpa. Toca conocer y, por tocar, toca tocar. Y es así como viajas dando tumbos entre distancias, acortando kilómetros y asimilando que el encuentro de dos mares en el Cabo Ortegal es sólo el anticipo del roce. Ni uno, ni dos, ni tres. En tal caso, roce constante; porque para determinar gestos poco sé de cifras, porque los números únicamente sirven para cuantificar desgracias. Nada más.
Y así echamos la noche, las noches, entre humo, tragos y ganas. Absorbiendo sus días y apurando relatos de las cicatrices que les ha hecho el tiempo. Un exiliado alemán, unas pulgas hogareñas, una frutería en el Perú... y una cajetilla más que cae, mientras me fumo la historia de, ahora, mis libros. Y me doy cuenta de que lejos queda ya el cacheo policial del primer día en la autopista y que no queda otra que debullar la luna, aferrarse al saco y arrimarse al borde. Todo para dejar de temblar. Porque no es el frío el que me hace tiritar, es el miedo a abrir la tienda y ver salir a la nostalgia del recuerdo, así, sin más.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Lonxe do lar

Voltan ao solpor e comezo a tremer, mentras os riscos avermellados tinguen de saudade o ceo. Nese intre meto o pucho ate os orellas, seica é por iso de quecer a ialma, e aperto forte, mesmo forte, coa vontade de asegurar o onte. Porque por veces perdo o norte, bebedora eu do mar das brúxulas e dos mariñeiros, e aférrome ás verbas do meu caderno que falan de areias e gargalladas. A distancia apégase e expállase coma a tuberculose na terra das meigas, pois son xa raís en demasía para unha nómada de entretempo. Disque “é cuestión de acostumar o corpo, neniña” Pero, se o bater asubía, fala e despois berra, ¿non debería fuxir cara ao mar como aveza o sol, cando fai das illas Cíes o seu berce?

miércoles, 18 de agosto de 2010

164-Henri Bourassa-Berri Uqam-Guy Concordia.

El puntillado en arte domina la calle, intensa hermosura cuando traspasa el lienzo. Hacia delante un paso y un mirar tímido que me descubre. Ojos rasgados que se vuelven; y tras un instante, regresan a su rutina en un correr incesante, presos del tiempo marcado. Cabello sin orden, indomable, oscuro, contrasta con una sonrisa que ve la luz tras el relieve de unos gruesos labios. En un rostro, el color miel se ve privado de luz tras el estampado azul símbolo de religión. Alboroto de voces, de lenguas y sonidos. ¿Dónde estoy? No preguntes. En un poco todas partes. Colores que se rozan y gestos, muecas, dispuestas a hacerse entender. No hay tiempo ni margen, las puertas se abren. Las prisas del ya y del ahora nacen. Corren, grita y reinicían la huída. Me sumerjo en una marea que desde fuera es mosaico en un conglomerado de rasgos y matices. Cierra los ojos, ¿lo oyes? El atasco que no cesa como consecuencia del norte perdido. Hacia aquí, hacia allá. Caos infinito. Permíteme la evasión.

sábado, 24 de abril de 2010

Partir.

Non pasou tanto tempo dende que milleiros de galegos facían as súas malas e partían coa vontade de achar fortuna procurando a prosperidade tanto económica como social. Galicia ficaba orfa ante o adeus dos seus xovéns, sen ser quen de reter aqueles únicos capaces de mellorar a súa situación. Poucos anos despois o fenómeno invírtese. Galicia pasa a ser destino, abre os brazos a novos viaxeiros que fan de esta terra o seu futuro.
Cun ollar no pasado, sería sinxelo deducir que estes novos cidadáns serían recibidos cun sorriso, cun "ánimo, ti consegues"... rememorando un onte duro e difícil. Aínda así e despois de todo o vivido, as xentes galegas dirínxense a estes como "ladróns de emprego". Falan dende a ignorancia ou dende a ferida aínda aberta?
En lugares como Arxentina ou Cuba, os galego foron axudados, as xentes valoraban o seu traballo e, permitíronlles mesmo o asentamento de plataformas que favoreceron a causa galega. A día de hoxe e a pesares de que Galicia precisa de xovens, de nenos... para facer fronte os altos índices de envellecemento, resistímonos, somos reacios, a emprestarlles a nosa terra a aqueles que naceron lonxe da sorte que nos temos, e que non conseguimos partillar.


"E tês corazons que sufren
longas ausencias mortás,
viudas de vivos e mortos
que ninguén consolará"
Rosalía de Castro.