lunes, 18 de febrero de 2013

Violencia es verte marchar

(Al día de hoy le debo unos versos. 
El título ya queda escrito.)

sábado, 2 de febrero de 2013

De la fuerza de Carmen de Diego

Sacudirme la nalga izquierda.
Eso es lo que voy a hacer,
con el tejido que viste la Plaza de Cibeles.
En un trozo de tela tanta angustia.
Y la tuya,
la mía y
la despatria.
Qué importa el estampado,
cuando hay hambre.
Y qué mal aprendí a jugar en mi infancia,
cuando de policías perseguíamos al caco.
Cuando de aquella gritábamos casa
y nos salvábamos.
Ahora ya ni patio,
ni grito,
ni casa.

viernes, 1 de febrero de 2013

#lospapelesdeBárcenas ✉

Debería reivindicarse la desnudez. Es más, reivindicarse y celebrarse. Y no sólo entre sábanas como cuando nos sudábamos el alma. Debería ser de obligado cumplimiento salir a la calle sin abrigo, al menos una vez al mes. Y gritar tan alto como lo hizo aquel niño que fuiste al nacer. Alzar la voz y rasgar el pulmón en unísono, que el canon no rompe, ni tambalea. Deberían descoserse los miedos de las botas que nos pesan, apolillarse los cimientos de sus farsas y rasgarse las solapas de sus sobres. Que en Suiza apretará el frío del invierno, pero aquí se calienta uno con tanta estafa. Que empiece el goteo de nombres que en Génova (Madrid) ya se impacienta el público, y a ver si esta tarde hacemos bingo. Así que dale a la apuesta. Haz tu cartón porque a las 20h, en el número 13, se ventilan miedos y se canta a Bárcenas y compañía. 



lunes, 14 de enero de 2013

Yo quería un nombre propio

Había una cuerda y sus piernas caducas se ventilaban en cambio de estación. Yo llegué en Otoño, y la vestí de hojas rayadas y usadas, que no escritas. Otros lo hicieron con papel fotográfico o tejidos aguados cuando tocaba hibernar. Y es que allí, las cuerdas se exprimían en arte o/e ingenio. Eso se aprende a la fuerza. La misma que utilizabas para hacer de tres cojines un colchón, La Terquedad de la Sábana Bajera (I), o para cerrar la ventana cuando la nevera sumaba cuatro bolsas cayendo tras la repisa. Y para fuerza, la fuerza que se gastaba el clavo que hubiese salvado al queso azul de su vertiginosa caída. Y es que se crece de golpe, si hay hambres y ausencias. Cómo echar de menos a una nevera (9º Edición). Y para echar de menos, mejor en compañía. Y para vivir, mejor sumando el con. Porque la 220 desde un principio se regodeó en cifra par, y vaya si acertó. Llegó tarde Noviembre, pero llegó. Y se deshizo en maletas tan rápido que me creció una hermana pequeña en el colchón contiguo en lo que tarda en morir un pestañeo. Y, ahora, este cuarto sufre de orfandad fraternal; y no, no es geografía. Son los apéndices que te nacen en las puntas de los dedos, en el costado izquierdo o en la caída desde el ombligo. Las extremidades que se  suman y te agarran. Porque ¡qué absurdo eso de las dos patas y los dos brazos, si somos raíz y sed! A tiempo se te agarrotó la bandera de la independencia al cuerpo y contra el suelo de narices te golpeó la excusa de la autodeterminación. Que sí, que cargas mochila, pero asómate al balcón del cierre; que hasta dejaste cepa en un saco de dormir con vistas al mar. Y, vaya, si hay historia. Y con ella se calzó el bolígrafo y echó a andar. Y se llenaron de ayeres las páginas que no escribiste y te asediaron, de cantidad que no de modo, fotografías y sobres que te rehicieron en idiomas, en distancias y en imágenes. Y es que ya es invierno y la cuerda, hoy barroca, te recuerda que el plural te ha crecido por dentro. Y que tal vez sea hora de hacerle frente; que ya tienes veintiuno, joder.





martes, 8 de enero de 2013

La receta de su felicidad

No escribe.
Abriría el gas antes del último verso.
O se iría a mitad de página,
como cuando le toca tender sus miedos
en terrazas ajenas.
Y es que no sabe de coladas.
¿Para qué baldas, si hay mochila?
Y tampoco enciende velas
porque sabe que se acolcharía sin soplar,
cuando el somier hablase en par.
Tal vez,
se dejaría dormir si juegan de a tres.
Se despediría al cuarto asalto
y se abandonaría a la esquina tras el séptimo.
Volvería a la carga
en cualquier bar
a grito de cerveza.
Y un amanecer más el resto del rímel,
bañado en salitre a partir de las seis,
la encontraría vestida
y sin ropa,
y con otro nombre.
Nunca se desnudó cuando la caricia se perdía allí,
en la cuna del espasmo.
Y es que su piel,
recorrida en geografías y rostros,
se abrigaba en miedos a golpe de colchón.
Y ni escribe.
Ni pregunta.
Porque en Palestina no se gastan suelas
y ella tiene siete pares
y todos de tacón.
Pero no sonríe,
como sí lo hace el televisor.
Por ello,
hoy comprará el octavo
y pedirá un gintonic en el pub.
Así, supone,
"Será mejor".

domingo, 16 de diciembre de 2012

De la metamorfosis en Praga ya hablaba Kafka

Con un manojo de ganas en otras hambres, me has dejado. 
Con las tripas al aire y los miedos volados. 
Con las ventanas deshechas y el cuerpo rasgado. 

P. Martínez: Amsterdan, Noviembre '12

Y es que tras golpear y partir la carcasa, 
se ha anudado a la brisa lo que había callado.
Porque los miedos, las pautas y los años
se han cargado en geografía
y se han mudado. 







domingo, 2 de diciembre de 2012

Tercera persona del plural

"Si ya te lo dijeron mis pies descalzos, cuando se me cayó el gesto.
Cuando me pesaron las calles y me vencí al viento."

Budapest, noviembre (2012)

Tal vez sea tiempo de tirar de lente.